Todos los que tenemos hijos hemos padecido el sabor agridulce de los meses de febrero. Muchos, sufrimos con ellos el ingreso al colegio, algunos muy pequeños que no se quieren desprender del cuidado de los padres, otros porque la pereza del letargo de las vacaciones de diciembre les gana y otros, porque somos nosotros los que queremos que llegue el día anhelado de no volverlos a ver despertando a medio día y pasando el tiempo mirando para el techo.

Como sea, está es época de colegio, un lugar donde ellos pasan gran parte de su vida y en la que a la larga se forjan como personas y por eso, las preocupaciones con respecto a nuestros hijos, van mucho más allá de lo académico, que es importante claro está, sino también de los ambientes seguros en los que se desarrolla.

Cada etapa trae sus riesgos y peligros. Si son pequeños, la primera preocupación en encontrar la guardería adecuada. Eso se traduce en que es un proceso que hay que llevar con calma. Mirar, escuchar, interrogar son acciones que requieren tiempo. Una visita previa al lugar, averiguar antecedentes, incluso llevar al niño una mañana, siempre será una buena opción. Hay que tener en cuenta que el cambio de la casa a la escuela no es un hecho menor para un niño, por lo que hay que intentar no equivocarse. La buena adaptación a la guardería es algo complejo, por lo que debemos estar medianamente seguros que nuestros hijos recibirán cariño, cuidado y orientación especializada. Verifique con la secretaría de educación de su ciudad que el jardín esté autorizado para su funcionamiento y cuente con las certificaciones de calidad. Igualmente que cuente con los seguros adecuados y con instituciones serias y calificadas. Si su hijo cuenta además con una póliza médica que lo cubra en caso de riesgo, mucho mejor.

Ya un poco más grandes, vienen las salidas pedagógicas, los trabajos en grupo, así como las clases deportivas y las actividades fuera del colegio. Para ello, lo mejor es el punto intermedio entre el adulto tranquilo y sosegado y el padre sobreprotector. Hay que dejarlos que crezcan y se caigan, pero sin despreocuparnos por las condiciones del lugar a donde van o los riesgos a los cuales se someten.

La adolescencia expone a los jóvenes a situaciones de acoso escolar, consumo de alcohol y de sustancias psicoactivas o embarazo adolescente. Para ello, son muchos los programas que implementan el Ministerio de Educación, las secretarías de educación o los colegios mismos. Sin embargo, nada reemplaza el dialogo familiar y el consejo amable de los padres.

Ya al final, afrontan el enorme reto de decidir sobre el futuro. Escoger una carrera, determinará sus vidas y marcará el camino por el cual transitarán. Por eso, no es una decisión fácil, ni debería ser apresurada. Afortunadamente hoy existe mucha información, muchos planes y para nosotros los padres, muchas formas de pagarlo.

La vida escolar es uno de los mejores momentos posibles de toda la existencia. Por eso hay que asumirlo con responsabilidad y alegría.